Tras revisar el Boletín Estadístico Minero del Ministerio de Energía y Minas, se observa que Moquegua encabeza el ranking nacional de inversión minera con US$ 679 millones, cifra que representa el 13,2% del total nacional. Sin duda, es un resultado que debería generar un legítimo sentimiento de orgullo, pues no es menor liderar un sector que sostiene una parte fundamental de la economía del país. Le sigue Arequipa con US$ 661 millones (12,9%), Apurímac con US$ 559 millones (10,9%) e Ica con 10,6%. En conjunto, estas cuatro regiones concentran el 47,6% de toda la inversión minera registrada hasta noviembre de 2025. En otras palabras, casi la mitad del capital minero del país se encuentra en el sur.
Pero me pregunto, con honestidad y sin ánimo de polemizar por simple gusto: ¿ese liderazgo se percibe realmente en la vida cotidiana del ciudadano moqueguano? ¿Se traduce en mejores centros de salud, hospitales bien implementados, colegios equipados, carreteras asfaltadas y oportunidades de empleo digno? ¿O se queda únicamente en cifras que suenan bien en conferencias de prensa y discursos oficiales? Y, en esa misma línea, surge otra preocupación: ¿por qué en los colegios secundarios de los centros poblados y anexos de la provincia General Sánchez Cerro la población estudiantil disminuye cada año?
Refresco la memoria: el canon minero no es un regalo ni una dádiva política. Es la participación que reciben los gobiernos regionales y locales por la explotación de los recursos minerales de su territorio. En teoría, constituye una herramienta poderosa para cerrar brechas históricas en infraestructura, educación, salud y saneamiento, y para impulsar un desarrollo que beneficie realmente a la población.
Ahora va el primer adelanto del 2026, el Ministerio de Economía y Finanzas transfirió S/ 220 millones 267 mil 188. De ese monto, S/ 46 millones fueron asignados al Gobierno Regional de Moquegua y más de S/ 173 millones se distribuyeron entre municipalidades provinciales y distritales. Entonces el dinero existe para este año. Los recursos llegan. Las cifras están registradas.
Y aquí es donde yo vuelvo a detenerme y a reflexionar: ¿por qué la percepción ciudadana es tan distinta? Porque cuando uno conversa con el agricultor, con el comerciante, con el joven universitario, la sensación no es de prosperidad sino de estancamiento.
En nuestra columna del 10/02/2026 señalé un dato que me parece alarmante: en 2025, el Gobierno Regional de Moquegua destinó S/ 442 millones a planillas, mientras que solo invirtió S/ 286 millones en obras. Es decir, se gastó S/ 156 millones más en pagar sueldos que en ejecutar proyectos de impacto regional.
Yo no estoy en contra del trabajador público. El Estado necesita los mejores profesionales. Pero lo que cuestiono es el desequilibrio. ¿Para qué quiere más trabajadores un Estado que no ejecuta más obras? Reitero ¿Cuál es la lógica de ampliar el gasto corriente si no se traduce en mayor eficiencia ni en resultados concretos?
Cuando el gasto en planillas supera ampliamente la inversión en infraestructura, deja de ser un simple dato contable y revela un modelo que prioriza la burocracia antes que el desarrollo. Sin obras ni servicios de calidad —como hospitales, colegios o carreteras— el Estado puede funcionar, pero no transforma la vida de la población. Por eso, este desequilibrio es una señal de alerta sobre las verdaderas prioridades del gasto público y su impacto real en el bienestar ciudadano.
Moquegua es una región privilegiada. Tiene cobre, oro, plata y otros minerales estratégicos que el mundo demanda. En teoría, debería ser un referente nacional en calidad de vida. Sin embargo, la realidad en muchas comunidades campesinas es otra. Falta agua potable permanente. Los centros de salud no siempre cuentan con especialistas. Los criadores de camelidos sudamericanos: alpacas, llamas, sin asistencia técnica. Las carreteras rurales siguen deterioradas en ésta época. Muchos jóvenes, pese a vivir en una región rica en recursos, migran a Arequipa o Lima buscando oportunidades laborales.
¿Cómo se explica esta contradicción? ¿Cómo puede una región que lidera en inversión minera no liderar también en desarrollo humano? Yo creo que el problema no es la falta de dinero, sino la falta de gestión eficiente, planificación estratégica, liderazgo y sobre todo, voluntad política para priorizar lo urgente.
Aquí no caben excusas. Las autoridades de turno no pueden culpar eternamente al pasado. Gobernar implica tomar decisiones y asumir responsabilidades. Si Moquegua lidera la inversión minera, debería liderar también la ejecución eficiente de proyectos.
Pero también me hago una autocrítica como ciudadano. ¿Qué tipo de autoridades estamos eligiendo? ¿Evaluamos su capacidad profesional y técnica o nos dejamos llevar por discursos populistas? ¿Exigimos rendición de cuentas o solo criticamos cuando el problema ya es evidente?
En otras palabras, yo estoy convencido de que Moquegua tiene todo para ser un modelo de desarrollo regional. Tiene recursos naturales, tiene presupuesto, tiene potencial humano. Lo que falta es coherencia entre el discurso y la gestión. No se trata solo de cuánto dinero llega por canon minero, sino de cómo se invierte y en qué se prioriza. Mientras el gasto en planillas siga superando a la inversión en obras, la brecha entre la riqueza minera y la calidad de vida seguirá siendo evidente.
La pregunta final que dejo a mis lectores es directa y necesaria: ¿queremos seguir liderando estadísticas o queremos liderar el desarrollo real? Porque la historia no recordará cuánto dinero ingresó, sino cuánto bienestar generó. Y ahí, todavía estamos en deuda.
Foto: Prensa Regional