Por Ubaldo Alvarez A. ||

La historia de Pasto Grande, un majestuoso embalse que alguna vez prometió prosperidad y desarrollo para la región de Moquegua, ha tomado un giro sombrío. A día de hoy, Pasto Grande se encuentra atrapado en una maraña de problemas que ilustran lo que puede ocurrir cuando los intereses económicos superan la responsabilidad ambiental y la rendición de cuentas. Esta columna se adentra en el tema de la contaminación de agua en Pasto Grande y se pregunta ¿Por qué la verdad sobre esta cruda realidad se mantiene en la sombra?

Un Embalse en Crisis:

Los números hablan por sí mismos. A pesar de tener una capacidad máxima de 200 mm3 de agua, Pasto Grande solo almacena 143.26 mm3, con apenas 104.37 mm3 considerados utilitarios. Los restantes 38.89 mm3 se han convertido en un verdadero cementerio de agua, saturados de sedimentos y lodo tóxicos. El embalse está contaminado, y sus aguas, lejos de ser una fuente de vida, son ahora un riesgo para la salud y el ecosistema.

Informe Silenciado:

En 2012, el Consorcio V-5 completó un extenso estudio que incluyó más de 2,200 folios de información detallada sobre la calidad del agua en Pasto Grande. Este estudio no solo diagnosticó el problema, sino que también ofreció soluciones y recomendaciones para descontaminar el embalse y sus afluentes. Sin embargo, desde entonces hasta la fecha, la inacción ha sido la norma. Los responsables del Proyecto Especial Regional Pasto Grande han optado por el silencio en lugar de la acción.

La Pregunta sin Respuesta:

La gran pregunta que se cierne sobre este oscuro episodio es: ¿Quienes se beneficiaron de la inversión millonaria en el Proyecto Especial Regional Pasto Grande? La falta de transparencia en torno a este proyecto y la ausencia de medidas para abordar la contaminación apuntan a un fracaso sistémico. Mientras el embalse se llena de sedimentos tóxicos, los ciudadanos merecen respuestas claras sobre quiénes son los responsables y por qué se ha permitido que esta situación persista durante más de una década.

Conclusión:

Pasto Grande es un recordatorio doloroso de las consecuencias de la falta de rendición de cuentas y la priorización de intereses económicos a corto plazo sobre la sostenibilidad ambiental a largo plazo. La verdad sobre esta cruda realidad debe ser expuesta, y aquellos que se beneficiaron a expensas de la salud pública y el medio ambiente deben rendir cuentas. La recuperación de Pasto Grande no solo es un acto de justicia, sino un llamado urgente a repensar cómo gestionamos nuestros recursos naturales en un mundo donde la protección del medio ambiente es esencial para la supervivencia de todos.

Fotos: Lucio Flores Toledo