Por Ubaldo Alvarez A ||

Es común escuchar, desde diferentes rincones del país, una frustración palpable sobre la crisis política y social que atraviesa nuestra nación. Personalmente, me resulta alarmante ver cómo algunos políticos —y no solo en el Ejecutivo— continúan manejando las riendas del país con una despreocupación y una falta de preparación asombrosa. En este sentido, no puedo dejar de preocuparme por la forma en que el presidente transitorio, José Balcázar, maneja la situación. Sus declaraciones, por momentos, parecen más un show de comedia involuntaria que una reflexión seria sobre la gravedad de su cargo. ¿Cómo se puede hablar de la democracia como responsable de las muertes en las carreteras, o hacer alusiones filosóficas tan erráticas que uno podría pensar que está escuchando a un personaje sacado de una película de Cantinflas? La respuesta es clara: no estamos ante un líder que esté dispuesto a ofrecer respuestas responsables.

Lo más desconcertante de todo esto es la evidente manipulación que sufre. El presidente transitorio se ve claramente influenciado por los intereses de ciertos partidos políticos que lo colocaron en el poder y es alarmante cómo cambia ministros a su antojo, sin mayor justificación. El caso de Denisse Miralles, quien fue removida de su puesto como premier a los 21 días de haber asumido el cargo, es un claro ejemplo de la inestabilidad política que caracteriza a su gobierno. Pero lo más grave es la reacción defensiva de Balcázar cuando los periodistas intentan obtener explicaciones claras sobre estos cambios. ¿Por qué se ofende ante una pregunta legítima sobre sus decisiones? ¿Acaso no es su deber rendir cuentas ante el pueblo?

Es importante recordar que no podíamos esperar más de un mandatario que llegó al poder a través del peor Congreso de la historia reciente del país. Durante las elecciones presidenciales de 2021, muchos ya alertaban sobre el perfil del entonces candidato Pedro Castillo, que no solo carecía de una formación sólida, sino que también estaba vinculado a ideologías peligrosas, como los remanentes de Sendero Luminoso. El resultado de su gestión fue desastroso: un gobierno plagado de inexperiencia, incompetencia y corrupción. La situación empeoró aún más cuando, en un acto que pasará a la historia como uno de los golpes de Estado más ridículos de la historia mundial, Castillo intentó tomar medidas desesperadas que no hicieron más que profundizar la crisis.

Su reemplazo, Dina Boluarte, no fue la solución. Si bien podría considerarse un poco menos incompetente que su predecesor, su mandato no ha logrado mejorar la situación. Y luego de ella, han llegado José Jerí y ahora Balcázar, quienes parecen compartir un mismo patrón de ineficacia. En menos de cinco años, hemos tenido cuatro presidentes incapaces de afrontar los problemas del país. La seguridad ciudadana sigue en declive, los servicios de salud son insuficientes y la desconfianza en las instituciones aumenta día a día. ¿Cuánto tiempo más soportaremos etapas de frustración y promesas vacías?

Uno de los grandes culpables de la situación que vivimos es, sin lugar a dudas, el Congreso. Este poder del Estado, plagado de personajes corruptos, farsantes, improvisados y ávidos de poder, ha dedicado su tiempo a aprobar leyes que favorecen a líderes de organizaciones criminales y funcionarios corruptos. En lugar de trabajar por el bienestar del pueblo. ¿Por qué se sigue permitiendo que personajes procesados por delitos graves mantengan el control de ciertos sectores? ¿Cómo es posible que el Congreso apoye la minería ilegal, que está destruyendo nuestra Amazonía, a cambio de favores políticos?

Recientemente, el Congreso aprobó una ley que incrementa las pensiones de los maestros jubilados y cesantes. Si bien esta medida podría parecer una buena acción para mejorar las condiciones de los docentes, es una clara estrategia populista para ganar votos a costa del bienestar de la nación. El Consejo Fiscal ya ha alertado sobre las consecuencias de aprobar leyes sin respaldo financiero, comprometiendo miles de millones de soles que el país no tiene. ¿Acaso no hemos aprendido la lección de las malas decisiones fiscales tomadas en el pasado?

Sé que la frustración es grande. La gente está harta de un sistema político que no hace más que robar y manipular a su antojo. Pero, en este momento decesivo, es cuando más necesitamos alimentar nuestras esperanzas y actuar con responsabilidad. En menos de 20 días, tendremos la oportunidad de votar nuevamente. El voto es nuestra herramienta más poderosa y debemos usarlo con conciencia. ¿Es correcto seguir eligiendo a personas incapaces solo porque nos prometen regalos, o por pertenecer a una ideología similar a la nuestra? ¿No es hora de pensar en el bienestar colectivo, de votar por aquellos que verdaderamente están capacitados y dispuestos a cambiar las cosas?

En otras palabras, es  momento de que tomemos las riendas de nuestro destino político. La situación actual es insostenible, pero el poder está en nuestras manos. A pocos días de las elecciones, debemos ser más conscientes que nunca de la importancia de elegir a quienes verdaderamente representen nuestros intereses y valores. Ya basta de promesas vacías y políticas manipuladoras. El futuro de nuestro país depende de nosotros. Elijamos con sabiduría, con el corazón, pero sobre todo con la cabeza.
Foto: Andina