Por Ubaldo Alvarez A ||

En los últimos tiempos, la defensa de los derechos culturales ha sido un tema recurrente en diversas partes del mundo. La globalización ha llevado consigo una creciente difusión de tradiciones, costumbres y manifestaciones culturales de distintas comunidades, pero, al mismo tiempo, ha traído consigo una serie de desafíos relacionados con la protección de la propiedad intelectual y la apropiación indebida de los elementos culturales. En este contexto, el caso de la comunidad campesina de Tassa, ubicada en el distrito de Ubinas, provincia  General Sánchez Cerro, región Moquegua, es un ejemplo claro de cómo la lucha por el reconocimiento de la identidad cultural y los derechos de propiedad puede volverse una cuestión delicada y compleja.

La comunidad campesina de Tassa, representada por su presidente Eulogio Melesio Ortiz Coaguila, ha presentado un escrito formal de oposición ante la Dirección Desconcentrada del Ministerio de Cultura del Departamento de Moquegua en relación con el proyecto denominado "Sara Tarpuy Suwacha", impulsado por el distrito de Yunga. El motivo de la oposición radica en la preocupación de que dicho proyecto registre como propias las composiciones musicales y fonogramas de la comunidad de Tassa, específicamente los pertenecientes a la danza "Hatun Sara Tarpuy", una de las expresiones culturales más emblemáticas de esta comunidad.

La comunidad de Tassa no se opone al nombre del proyecto ni a la idea de promover las danzas y músicas autóctonas. Sin embargo, su preocupación surge cuando observan que la danza está en proceso de registrar por ellos, y que forma parte de su identidad, está siendo utilizada sin su consentimiento y lo que es más grave, se pretende hacer pasar como una creación de su comunidad. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿es justo que una comunidad se apropie de la creación cultural de otra sin reconocer su origen y sin el debido respeto por sus derechos?

Desde un punto de vista legal, la comunidad de Tassa se ampara en la Constitución Política del Estado y la Ley N° 27444, que protege los derechos de propiedad intelectual de las comunidades originarias sobre sus manifestaciones culturales. En su escrito, solicitan que se declare fundada su oposición y se proceda a cancelar el registro del proyecto "Sara Tarpuy Suwacha". Esto no es solo una cuestión de leyes, sino de respeto y justicia. ¿Hasta qué punto las autoridades están dispuestas a proteger los derechos culturales de las comunidades que han mantenido sus tradiciones por generaciones?

Para comprender la magnitud de este conflicto, es necesario tener en cuenta la historia y la trayectoria de la danza "Hatun Sara Tarpuy". Esta danza no es una mera representación folclórica; es una manifestación cultural que tiene profundas raíces en la vida agrícola de la comunidad campesina de Tassa. La danza se realiza tras la siembra del maíz, en un momento de celebración y expresión colectiva, donde hombres y mujeres cantan y declaman versos que evocan el esfuerzo compartido. A lo largo de los años, "Hatun Sara Tarpuy" ha sido presentada en diversos concursos y festivales, consolidándose como una de las expresiones culturales más importantes de la región.

La comunidad de Tassa no está luchando solo por la protección de una danza, sino por la preservación de su identidad. La apropiación de una obra cultural sin el reconocimiento adecuado es una forma de borrar la historia y el legado de una comunidad. ¿Qué queda de una cultura cuando sus elementos más representativos son copiados y transformados sin respeto alguno?

El conflicto entre las comunidades de Tassa y Yunga no es un caso aislado. A lo largo de la historia, muchas comunidades originarias han enfrentado la apropiación de sus tradiciones, arte y recursos por parte de grupos externos que buscan obtener beneficios sin reconocer el valor cultural y social de lo que están tomando. Esto ha sido especialmente problemático en contextos de pobreza y marginalización, donde las comunidades no tienen el acceso adecuado a los mecanismos legales y administrativos para defender sus derechos. En este sentido, el caso de Tassa destaca la importancia de la conciencia y el respeto por la propiedad intelectual como un derecho fundamental, tanto a nivel nacional como internacional.

El derecho a la propiedad intelectual no debe ser visto solo como un beneficio económico, sino como una herramienta para la preservación de la identidad cultural. Las comunidades deben tener el derecho de decidir sobre sus manifestaciones artísticas, y cualquier uso de estas debe ser autorizado y respetado por aquellos que buscan apropiarse de ellas. ¿Estamos dispuestos a apoyar la protección de los derechos culturales de las comunidades originarias, o permitiremos que sus tradiciones se vean diluidas en el proceso de globalización?

Este conflicto también nos invita a reflexionar sobre cómo se promueven las tradiciones culturales en un contexto de diversidad. No basta con que una danza sea atractiva en un concurso o festival; debemos preguntarnos sobre el respeto que hay detrás de su presentación. ¿Es suficiente con llevar una danza a un escenario, o realmente se está promoviendo y respetando su contexto cultural y su origen?

Finalmente, el caso de la comunidad campesina de Tassa es un llamado de atención para todos aquellos que buscan promover la cultura autóctona. No se trata solo de copiar o imitar, sino de reconocer el valor auténtico de lo que otras comunidades han creado con esfuerzo y dedicación. Las autoridades deben actuar con justicia y asegurar que los derechos culturales de las comunidades sean respetados. La protección de la identidad cultural es un derecho fundamental que debemos defender, no solo para las comunidades originarias, sino para todos aquellos que consideran que la cultura no debe ser mercantilizada.
Foto: MDU