Hay decisiones que marcan generaciones. Y hay silencios que las sepultan. Hoy, mientras recorro mentalmente los paisajes de Ichuña, Ubinas, Chojata y San Cristóbal, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué clase de distrito, provincia y región seríamos si aceptamos que nos arrebaten territorio sin haberlo defendido? Porque lo que está ocurriendo con el mentado Informe 045-2017-PCM/SDOT no es solo un trámite técnico ni una disputa de líneas en un mapa. Es una alerta sobre cómo la indiferencia y la falta de liderazgo pueden costarnos más que kilómetros cuadrados; pueden costarnos identidad, dignidad y futuro.
Lo digo de manera frontal: la tierra de los moqueguanos no se negocia ni se regala. Y lo que pretendió hacer Puno con esta propuesta limítrofe —avalada por un expediente que parece calcado de su versión— no es integración, es un intento de apropiación territorial. Y ante eso, no se puede callar.
Pero también hay que ser honestos. Este problema no surgió de la nada. Durante años se avanzó en mesas técnicas, reuniones, diálogos. Sin embargo, cuando llegaba la hora de defender con firmeza los derechos de Moquegua, la ausencia fue la regla. Citas no atendidas, actas incompletas, sillas vacías. Cada convocatoria ignorada fue como dejar la puerta abierta para que otro entre y se lleve lo que es nuestro. Y esa falta de presencia de la autoridad, esa ausencia del gobernador Jaime Rodríguez Villanueva y de sus técnicos en momentos claves, es una mancha histórica que Moquegua jamás olvidará.
Porque mientras unos faltaron, otros avanzaron. Puno colocó su voz, su propuesta, su relato. Nosotros, ¿qué mostramos? Silencio. Y lo peor es que ahora hay quienes todavía pretenden minimizarlo, como si fuera un error administrativo más. No, no lo es. Perder territorio es perder autoridad, perder memoria, perder respeto.
Hoy, no solo están en juego hectáreas y los caminos. Están en juego las lagunas altoandinas que dan vida, los pastizales donde pastan nuestros animales, las rutas ancestrales que nuestros abuelos caminaron antes de que existiera la República. ¿Les vamos a decir a esas familias que ahora su tierra pertenece a otro porque alguien “no llegó a la reunión”? Eso sería vergonzoso, y sería nuestro peor legado.
Y aquí viene la pregunta que molesta: ¿cuántas veces más permitiremos que Moquegua sea invisible para el gobierno central? Hoy las comunidades han alzado su voz. Ichuña ya marchó. El pueblo está gritando lo que las autoridades no defendieron. ¿Y los demás? ¿Seguiremos mirando desde la ventana, esperando que todo se resuelva solo?
La historia nunca ha sido amable con los pueblos que callan. Y hoy, más que nunca, necesitamos unidad, valentía y estrategia. Necesitamos que el Gobierno Regional, alcaldes, congresistas, universidades, gremios y ciudadanía se levanten juntos. Ya no es tiempo de tibiezas. Es tiempo de pronunciamiento público y acción organizada. Es tiempo de una marcha regional, una sola voz, un solo mensaje: Moquegua existe y se defiende.
En otras palabras, creo profundamente que los pueblos no mueren por la fuerza de sus enemigos, sino por la indiferencia de sus propios hijos. Hoy, Moquegua está ante una prueba histórica: demostrar que su territorio vale más que cualquier error político del pasado. Que su gente no permitirá que la borren del mapa ni la arrinconen en silencio. Que quede claro: Moquegua no cede, Moquegua no calla, Moquegua se levanta. Y si no defendemos hoy nuestro territorio, mañana no tendremos ni el derecho de reclamar lo perdido ni la dignidad para mirar a nuestros hijos a los ojos. Esta tierra se respeta. Y este es solo el inicio de la defensa.
Foto: Prensa Regional